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ESAÚ Y JACOB

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  Esaú volvió al atardecer. La jornada había sido decepcionante. Para un cazador experto como él, regresar con las manos vacías suponía una afrenta insoportable. Tenía la ropa empapada en sudor y se sentía frustrado, malhumorado y triste. Cuando entró en la tienda, vio a su hermano Jacob sentado sobre un tocón, removiendo con suavidad un potaje. Lo odiaba. No soportaba que fuera el favorito de mamá. Jacob sonreía. El aroma de la comida era delicioso, ¿qué sería aquella maravilla? “son lentejas, hermano. Yo mismo las cultivo”, dijo Jacob, y continuó con cierta malicia: “pareces hambriento, querido Esaú, podrías tener un plato de estas lentejas si estuvieras dispuesto a pagar lo suficiente por ello”. Esaú miró a su mellizo. Jacob había nacido dos minutos después que él y, sin embargo, era tan pequeño y débil que resultaba difícil creer que de verdad fueran mellizos. Sin embargo, era taimado, el muy sinvergüenza. Esaú dudó, pero tenía tanta hambre que se dijo: ¡Demonios, tengo tanta h...

EL LIMONERO

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                                                                             EL LIMONERO *A mi padre (27/05/1935 - 25/08/2019) Pocos años antes de morir, mi padre alquiló una casa en el campo, roturó con sus propias manos un pedazo rectangular de la tierra adyacente y comenzó a trabajar un huerto. Acababa de cumplir ochenta años. La agricultura fue la última de las absurdas, intensas, exóticas y volubles empresas en las que se embarcó. Antes de eso había sido marinero, constructor, sindicalista, estibador, pescadero y conductor de autobuses, entre otras muchas cosas. Un optimismo a prueba de fracasos lo mantenía en la certeza de que, por mor de su voluntad, saldría victorioso. Acostumbrados como estábamos a sus dislates, no opusimos resistencia. Mi madre prot...

DE AQUELLA VEZ QUIE ME CAÍ EN UNA LAVADORA Y OTRAS TONTERÍAS DE VERANO

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  Nota: si detecta alguna falta de concordancia, se me olvida una s  o alguna otra desgracia irreparable, por favor, sea usted indulgente:  estos textos se escriben de un tirón, como forma lúdica de lucha contra el tedio y no suelo revisarlos demasiado, la verdad sea dicha. Lo digo por si alguna listilla ( o listillo ) de los cojones desea aportar absolutamente nada señalando algún desliz ortográfico. Una vez dicho esto, como diría Stendhal: "Y después de tantas consideraciones generales, voy a nacer". Tendría cuatro o cinco años aquella vez en que me caí (o me tiré, quién sabe) dentro de una lavadora. Este acontecimiento merece una explicación previa de tipo logístico: la lavadora que tenía mi madre era un modelo anterior a las primeras de puerta frontal, es decir, disponía de una tapa arriba del todo por donde se depositaba la ropa, careciendo de tambor propiamente dicho. Un motor de aspas negras removía la ropa desde el fondo durante un buen rato y después se extraía l...

LA HUIDA COMO FORMA DE VIAJE (EL PALACIO DUBRAVKO)

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  EL PALACIO DUBRAVKO (versión Kindle) Viajar nos construye como seres humanos; da forma a nuestra vida, moldeando pensamientos, actos, omisiones, esperanzas, ideas o circunstancias vitales. Significa cambio, renacimiento, segunda oportunidad, búsqueda o metamorfosis; confiere sentido a la experiencia humana desde los primeros pasos del Homo Sapiens, allá por África oriental, hace varias decenas de miles de años. En Literatura (con mayúsculas, como debe de ser) supone un tópico fundamental desde siempre, a la altura del amor, la muerte, los celos, la traición o la guerra. Desde "La Ilíada" al "Ulysses" de Joyce, pasando por  "El Quijote" o "La isla del tesoro", los personajes maduran y construyen su existencia a través del viaje; es lo que los identifica y les permite crecer a lo largo de la narración. Una ley no escrita de la literatura podría decir algo más o menos así: "un personaje nunca puede llegar al final del libro siendo el mismo qu...

PERSONAJE EN BUSCA DE UNA HISTORIA

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            No tengo ni idea de quién soy. Solo sé que he llegado con retraso. Ni siquiera reconozco qué terminal es esta. No hay más seres vivos; al menos, eso parece. Desde donde me encuentro no puedo asegurarlo. Pero algo me dice que estoy solo. Contemplo las pantallas que informan de las cancelaciones, los retrasos o las puertas por donde acceder a los aviones; ni rastro de seres humanos. Huele a café, a magdalenas y a comida italiana. Cerca de mí hay una tienda de gafas de sol, una boutique Ralph Lauren, una papelería, dos cafeterías, una juguetería, una tienda Adidas, un local de decoración y una joyería. Las escaleras mecánicas permanecen quietas; los ascensores transparentes no se mueven. El sol se cuela por los grandes ventanales del aeropuerto de... ¿Qué  ciudad es esta?      Mis rasgos faciales no resultan concretos; no puedo verme la cara, ni el color de los ojos; puede que mi nariz sea grande y gan...

¿CIVILIZADOS O CONDENADOS?

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                                                                                    ¿Y si la civilización fuera lo peor que le ha pasado al Homo Sapiens en sus 200.000 años de vida sobre el planeta Tierra? Lo sé, lo sé, igual me he pasado un poco, pero es que no es esta una afirmación mía, sino de Christopher Ryan, quien ya la lio hace diez años con el libro “En el principio era el sexo” y que hoy, diez años después, vuelve a hacerlo con el magnífico “Civilizados hasta la muerte” (Capitán Swing, 2020), un ensayo demoledor y extraordinariamente bien documentado, escrito como deben escribirse estos ensayos de antropología social: para que los entendamos.   Aquí el amigo Ryan               ...

LOS "LIBROS RÍO"

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            Ahora que se acerca el verano y pronto llegarán las listas de libros imprescindibles para leer en la playa y esas chorradas de suplemento literario, me gustaría adelantarme a la vorágine y hablar un poco en esta entrada de uno de mis recuerdos más preciados.                         No voy a descubrir nada nuevo si hablo de la cualidad casi mitológica que albergan los veranos de nuestra infancia y juventud; aquellos tiempos en los que éramos más guapos, más delgados, más felices y, sobre todo, más despreocupados. El pasado no importaba y el futuro era un concepto abstracto. Lo que de verdad importaba era el presente.  Mis veranos de juventud en la calle Velázquez, a orillas de la zapera (el nombre que recibe la marisma en mi ciudad, de presumible origen portugués) se vieron enriquecidos desde los 14 o 15 años por el veneno que me inoculó el bicho de la literatura. Cada tarde me...